#NTNE | La infausta omnipresencia de la pirotecnia verbal, por Pablo Martínez Burkett

#NINGÚNTECLADO NACE ESCRITOR

HOY PRESENTAMOS: LA INFAUSTA OMNIPRESENCIA DE LA PIROTECNIA VERBAL

Por Pablo Martínez Burkett

Hoy vamos a dedicarnos a la infausta omnipresencia de la pirotecnia verbal. O sea, a la aciaga costumbre de engalanar los textos con fuegos de artificio. Que quiere decir que vamos a abordar el pernicioso hábito de urdir tramas plagadas de ornamentos discursivos y vacuos que antes que embellecer, embotan los sentidos del lector y que, si señalados, desembozan escribas obtusos incapaces de cantar la palinodia.

Es probable que esté exagerando un poco, pero no mucho. Sobre todo, si tomamos en cuenta que la idea de esta entrada me surgió a partir de dos registros del habla popular sucedidos con pocas horas de diferencia y que reflejan hasta dónde este vicio contamina todos los niveles del lenguaje y por supuesto, o tanto más, la labor de escritura. Veamos.

Esta mañana tenía que buscar una heladera en reparación. Habíamos convenido un horario, pero el mecánico me mandó el siguiente mensaje: “Pase a las 13 que en estos momentos no me encuentro en mi domicilio”. Admito que soy bastante maniático, pero ni bien lo leí no pude evitar analizar el texto.

Un rato antes de la hora fijada enfilé a rescatar mi heladera. En el camino iba escuchando la FM local. La tanda era un continuado que no sólo enunciaba el nombre, dirección y alguna otra cualidad del comercio publicitado, sino que, además, repasaba virtudes del negocio con una creatividad conmovedora. Los malabares en el enunciado eran desopilantes. Al llegar al aviso de la farmacia, el speaker recitó las actividades habidas y por haber (que uno ya sabe que puede encontrar en cualquier farmacia) entre las que se destacaba la de “inyectorio”.

Ya le dije, reconozco que soy muy maniático pero en la misma mañana me llaman la atención un mecánico de heladeras y un compositor de avisos radiales con idéntica tentación por “hablar en difícil”. Uno, con un lenguaje afectado y el otro, mediante la introducción de un neologismo (por supuesto que consulté el DRAE y confirmé que no está admitido). Ambos, destinados al público en general.

Creo que coincidirán conmigo si arriesgo que este ejemplo bien podría trasladarse a lo que escribimos. Pero no se preocupe, esto ya le pasaba a Borges. ¿No me cree? Mire: “Yo antes escribía de una manera barroca, muy artificiosa. Me pasaba lo que le pasa a muchos escritores jóvenes, creo. Sentía la necesidad de demostrar que sabía muchas palabras raras y que sabía combinarlas de un modo sorprendente”.

¿Cuántas veces derrapamos en complejos enunciados que no dicen nada? ¿Cuántas veces acudimos a una frase fornida para decir algo que no requiere más de una o dos palabras? ¿Y cuántas a la sobreabundancia de adjetivos? Ni qué decir de la opulencia de adverbios. O de la infame voz pasiva de parte oficial leído en rueda de prensa. Sin dudas que muchas veces. Se lo dice un barroco en rehabilitación.

Vamos con otro ejemplo.

Salvo que el personaje en cuestión resulte miembro del Poder Judicial (o de las fuerzas del orden) prívese de la filigrana porque va a sonar así: “en el día de la fecha y conforme la labor pericial efectuada in situ por numerarios de esta dependencia se ha podido constatar que el occiso habría sido ultimado por el criado principal a cargo del gobierno de la casa”. Todos esos renglones dilapidados para decir que al pobre tipo lo mató el mayordomo.

Y ya que estamos hablando de crímenes repasemos los ejemplos que le robamos al mecánico y a la radio. En el primer caso no es que domicilio esté mal, pero es un término demasiado legal. Por supuesto que “no me encuentro” es correcto, pero resulta de un formalismo excesivo. Quizás un “ahora no estoy en casa” parezca demasiado cotidiano o aún ramplón, pero hubiera resultado más claro y preciso. Lo mismo que un común “se dan inyecciones” (o se aplican, según el verbo que cada uno use). Una verdadera cortesía al lector.

Y también Mark Twain nos prevenía contra estos errores tan frecuentes: “Emplea una gramática correcta. Usa la palabra adecuada, no su prima segunda”.

Para terminar, volvemos entonces sobre el título de esta entrada. Si yo le digo que hay que dejar de lado la infausta omnipresencia de la pirotecnia verbal, también le podría haber dicho: olvídese de los adornos. O también: ¡afloje con los firuletes!

Entonces aquí va la recomendación del día:

Usted no escribe para lucirse como un pavo real. Usted no escribe para demostrar cuánto sabe. Usted no escribe para apabullar a sus lectores con palabras difíciles. Usted no escribe para que por cada renglón haya que ir al diccionario.

Usted escribe para contar una historia. Usted escribe para suscitar emociones en el lector. Usted escribe para entretener.

Ese es su trabajo. Porque ningún teclado nace escritor.

 

Un comentario en “#NTNE | La infausta omnipresencia de la pirotecnia verbal, por Pablo Martínez Burkett

  1. “The difference between the almost right word and the right word is really a large matter. ’tis the difference between the lightning bug and the lightning.” Mark Twain.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s