#Reseña | Todos éramos hijos de María Rosa Lojo, por Victoria Mora

#Reseña

Todos eramos hijos: la reconstrucción de los espejos rotos

Datos del libro:

Título: Todos éramos hijos

Autora: María Rosa Lojo

Editorial: Sudamericana

Año: 2014

256 páginas

 

Somos nuestra memoria,
somos ese quimérico museo de formas inconstantes,
ese montón de espejos rotos.

Cambridge, Jorge Luis Borges

Por Victoria Mora

El ejercicio literario de la memoria habilita la reconstrucción de un pasado y un espejo donde podamos mirarnos, si elegimos hacerlo. Los pedazos pueden juntarse, siempre de una manera íntima, singular, aunque eso no impida que luego pueda ser compartido. Leernos en las letras de otro es una de las experiencias preciosas que habilita la ficción. Así lo logra María Rosa Lojo en su novela Todos eramos hijos.

Esta es la historia de toda una generación atravesada por los sueños por un mundo mejor que fueron dolorosa y brutalmente aplastados por un poder siniestro que no les permitió ser. La última dictadura cívico militar se despliega desde la mirada de Frik sobre esos tiempos. Frik es el sobrenombre de Rosa, una adolescente en un colegio de monjas en el Castelar de los años 70, que porta ese apodo que la nombra frente a sus contemporáneos. La novela comienza cuando un grupo de alumnas del curso de Frik, junto a un grupo de varones del colegio de enfrente, se juntan guiados por el sacerdote Juan Aguirre y la profesora de literatura Elena Santos a representar la obra de Arthur Miller homónima de esta novela. En el último año de su secundario recorren también la experiencia de actuar juntos en una obra que los empuja a pensar qué lugar tienen los sujetos en las tragedias sociales y personales que los atraviesan. Una pregunta que retumba, y muchas veces ensordece, una pregunta que llega hasta nuestros días, hasta nuestra historia. “Ninguna sociedad cambiaría sin las personas comunes, del montón ¿no?” se pregunta un personaje que se la juega por salvar a otro. Sentencia que vale para aquellos que respetan la vida o la destruyen.

Frik se siente una extranjera en su tierra, hija de inmigrantes españoles que huyeron de una guerra atroz, porta en su lenguaje las marcas de ese desarraigo. Su salida al mundo exterior, fuera del hogar, la confronta por primera vez con esta realidad. Las marcas son tan fuertes que llega a sentirse una alienígena adoptada por sus padres. La grandeza de Frik está en hacer con eso mucho. La literatura será esa patria, ese territorio simbólico, que ella se construya para sí misma, será su refugio durante la adolescencia y por el resto de su vida, su vocación y su profesión. “En dos minutos estaba en la calle, rumbo a la estación de tren, no sin antes cargar dos o tres libros en la bolsa. No sabía para qué los llevaba pero nunca lograría salir de su casa sin cumplir con ese acto compulsivo, portando libros como salvoconductos, amuletos, anclas en el tiempo perdido que la protegerían del vació y el mal” Gracias a esa sensación de extranjeridad podemos hoy leer obras tan preciosas para la memoria colectiva como Todos eramos hijos, una novela que se convierte en un amuleto, un salvoconducto para quien la lee. Una forma posible de ver lo más doloroso con la mirada de esta adolescente que no por miope ve menos, al contrario, su miopía se compensa con una mirada lúcida y extraordinaria del ser humano, de la Historia, y de las historias tan mínimas como fundamentales.

A la vez que vemos avanzar la Historia de nuestro país en estas páginas, vemos los avatares de la vida familiar de Frik con una madre hermosa y triste que no puede evitar hundirse en la locura. Locura que atraviesa a su hermano Fito siempre díscolo, rebelde, incomprendido. Su padre Antonio se refugia en su taller aunque como puede acompaña a Frik, hay diálogos sobre los hechos históricos que viven juntos que revelan cierta herencia de esa lucidez que despliega su hija. Ezeiza en el 72, la muerte de Perón, el avance de la Triple A, las desapariciones avanzan como una noche oscura sin retorno.  En el vaivén de la vida de los suyos, de la de sus amigos, y la de un país cada vez más convulsionados Frik avanza en la UBA en la Facultad de Filosofía y Letras estudiando e investigando sobre lo que ama y la salva: la literatura y los libros.

Hay que decir que Lojo escribe con una  prosa exquisita que por momentos roza lo poético. Una escritura de los detalles, como dice Navokov. En estas páginas los detalles acarician, van reconstruyendo la memoria, van juntando los pedazos, quedarán las marcas, las huellas de las heridas pero un nuevo espejo donde mirarnos habrá nacido.


foto-victoria-moraVICTORIA MORA nació en Buenos Aires en 1979. Es psicoanalista, docente y narradora. Ha participado en jornadas y publicado trabajos entrecruzando psicoanálisis y literatura. En 2012 ganó el primer premio del concurso de cuentos de la Fiesta Nacional de las Letras de Necochea con su cuento “El último tren”.”Demasiado tarde” fue uno de los cuentos ganadores del Concurso literario Micaela Bastidas organizado por el INADI. En 2013 su cuento “Herencias” resultó uno de los ganadores del Concurso del 1° de Mayo organizado por la Casa de los trabajadores de Córdoba. Su cuento “Rescate” fue finalista y parte de la Antología del Certamen literario de Editorial Alma de diamante (2013). Fue finalista del II Concurso de cuento breve Osvaldo Soriano organizado por la facultad de Periodismo de la UNLP con su cuento “Huellas” (2014). Su microrrelato “Masacre” recibió una mención en el Concurso Provincial de Murales Literarios (2014). En 2014 publicó su primer libro de cuentos Un mundo oscuro por editorial Llanto de mudo. Colabora con las revistas digitales Kundra y Mercurio Contenidos.

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