#Reseña | Rosa cándida de Auður Ava Olafsdóttir, por Santiago Ramos

 

 #Reseña

Datos del libro:

Título: Rosa cándida

Autora: Auður Ava Olafsdóttir

Editorial: Alfaguara

Año: 2011

271 páginas

 

Miradas

 

Por Santiago Ramos

*

 

 Ejercicio:

Tome una foto de un artista del panteón de sus favoritos cuya mirada esté dirigida, en lo posible, hacia la cámara. Es casi menester que sea en blanco y negro. En mi caso: Picasso, Francis Bacon, Perlongher. Tápele la cara (al artista de la foto) con las manos, de manera de dejar a la vista solamente los ojos. Interpele y déjese sentir interpelado por esa mirada. Explórela, si es necesario desde la imaginación, aunque esa mirada puede asociarse con la data histórica de que dispongamos sobre ese artista. Los mundos que revela u ocultas se evidencian. Repita hasta el hartazgo o la inquietud.

*   *

Una de las mayores virtudes del gran Chico Buarque es la posibilidad de escribir desde un lugar ubicado dentro de la cabeza de la mujer, muy adentro, casi el lugar de lo inconfesable: el caso más visto es Folhetim, cantada muy bien por él mismo y como nadie por Gal Costa. Una melodía casi imposible, como imposible es no sentirse distinto, tocado en el propio orgullo masculino, después de oírla y leer la letra:

 ”… Mas na manhã seguinte/Não conta até vinte/Te afasta de mim/Pois já não vales nada/És página virada/ Descartada do meu folhetim” .

(…” pero a la mañana siguiente/ Ni cuentes hasta veinte/ y apartate de mí/ pues ya no vales nada/ Sos página pasada/ descartada de mi folletín.”)

La demolición después del amor fugaz. Una noche de pasión seguida de una mañana de desazón.

En Olhos nos olhos sucede algo similar, pero se agrega la crónica de una desolación:

 Quando você me deixou, meu bem, /me disse pra ser feliz e passar bem./Quis morrer de ciúme, quase enlouqueci,/Mas depois, como era de costume, obedeci. (Cuando tú me dejaste, mi bien /Dijiste que para ser feliz y pasarla bien/ quise morir de celos, casi enloquecí, /pero después, como de costumbre, obedecí.)

 instalada en la costumbre de la sumisión desde la cual la narradora resurge implacable:

Quando você me quiser rever/Já vai me encontrar refeita, pode crer./Olhos nos olhos,/Quero ver o que você faz/ Ao sentir que sem você eu passo bem demais. 

E que venho até remoçando/,me pego cantando, sem mais, nem por quê./Tantas águas rolaram,/ Quantos homens me amaram/ Bem mais e melhor que você.

 

(Cuando tú me quieras volver a ver/ya me encontraras rehecha, puedes creer/Mirándonos a los ojos /Quiero ver que haces/Al sentir que sin ti la paso demasiado bien) 

(Es que vengo hasta renovada/ Cantando, sin más ni más, ni por qué/y mucha agua corrió/cuántos hombres me amaron bien, más y mejor que tú.)  con los tapones de punta a la entrepierna de esa masculinidad de pies de barro.

                                                               *               *                  *

Un oficio similar en sus alcances pero acaso más misericordioso en su intención,  es desplegado en Rosa candida, la primera novela publicada entre nosotros y tercera de Auður Ava Olafsdóttir, nacida en Islandia. Aunque en principio el texto en la contratapa confunde al posible lector en busca de lo prometido por los premios señalados en la faja promocional —y se podría pensar que se trata de un bodrio edulcorado de origen exótico— nada más lejos de lo que encontramos aquí.

Casi una novela de iniciación, narra el viaje del protagonista en busca de un jardín con extrañas variedades de rosas resguardado del paso del tiempo en un monasterio. Ese periplo remite al protagonista a la relación con su madre, su iniciadora en ese cultivo y que a su muerte, marcará la conexión con su padre, su hermano y, de alguna manera, con un amor que vuelve desde el pasado en una forma bella pero no sin sus propias espinas. Al contrario que en Folhetim de Chico Buarque, aquí el fruto de un one-night-stand no es el desprecio, sino la posibilidad del amor. Y es ahí, en el descubrimiento de la paternidad (y esto no es un spoiler…), que la novela despega, casi explota y tomamos conciencia de la grandeza de esta escritora, de la profundidad de su mirada: una cátedra en cómo escribir, siendo mujer, qué sucede en la cabeza y el corazón de un hombre (en tanto género, ya que el protagonista apenas tiene edad y millaje para serlo) cuando la vida lo pone frente al capítulo que lo sucederá ante su propia finitud. Ese desembarco, inesperado y luminoso, cambia, acelera, desvía su vida. Del mismo modo, aquí el libro explota, pero en voz baja: como todo esa peripecia sucede en un país del que nunca sabremos cuál es, tampoco cuál es su idioma ( aunque el narrador nos cuenta como lo aprende laboriosamente), el efecto es increíblemente poético y esto posibilita, casi obliga, a volver la mirada hacia adentro:  quien se haya visto desbordado, sobrepasado por las complejidades del amor y el alma femenina y haya vivido o al menos imaginado en cualquier modo o circunstancia las maravillas de lo que es ser padre, sentirá a cada página un fragmento de la trama clavado en su propia historia, como las espinas de cualquier rosa. Doy fe de esto, sin sentimentalismos ni vergüenzas de ningún tipo: la experiencia de leer a esta mujer es abismante por momentos.

Aparecen esas pequeñas frases con las que todo hombre intenta consolarse filosofando sobre aquello que tal vez alguna vez asuma en su inasible complejidad : “…le digo otra vez más que no tiene de qué preocuparse; ser hombre es poderle decir a una mujer que no tiene de qué preocuparse…”.

“A veces parece preocupada, pero lo que me produce más quebraderos de cabeza es lo ausente que se la ve tantas veces, como si no estuviera verdaderamente en el sitio en que está…”, dice el protagonista en otra parte.  De este modo, que se permite coquetear con lo obvio, la autora exhibe su capacidad de mostrar en otros lugares del libro que puede ponerse en el lugar masculino y mostrarnos que está haciéndolo: por caso, cuando el protagonista habla de su relación con su propio cuerpo de una manera absolutamente verosímil, pero que sabemos prácticamente imposible para un hombre. El deseo de esa posibilidad con la que no contamos (y menos a la edad del protagonista), nos lleva a seguir creyendo en lo que leemos: como hombres necesitamos creer que podemos pensar así. La realidad, nuestra limitada realidad, nunca nos distanciará lo suficiente de nosotros mismos.  Escrito de forme tan verosímil como lo hubiera querido Stanislavki: no importa, tras el análisis o no, qué tan real; importa que nos lleve a creer. Casi mostrando el artificio, como quería Brecht.  

De ahí el placer que nos ofrece esta novela en toda su casi ingenuidad, tibia por momentos, agridulce en otros, dulcemente luminosa en toda su extensión. Y que se permite no abandonar lugares o climas casi de folletín o novela rosa buscando alturas de pseudo literaturas palermitanas. No lo necesita para atraparnos tocándonos el alma. Nada menos.

       *               *                  *

El idioma islandés ha evolucionado tan poco en los últimos mil años que cualquier hablante del mismo hoy podría leer las Sagas y Eddas de Snorri Sturluson (escritas hace más de ochocientos años) en su forma original casi sin dificultad.  Además, parece que en Islandia se acostumbra a pasar la Navidad en familia leyendo y en la cama: se llama a esa tradición Jólabókaflód, que quiere decir, más o menos, ‘Inundación de Libros en Navidad’. Por esa razón casi toda la venta de libros en ese país acontece entre finales de septiembre y principios de diciembre. Y se regalan libros, eh?: El mercado islandés es el más numeroso por habitante en el mundo.

Este libro, gracias a una amable traducción casi libre de galleguismos á la Anagrama, me ha dejado con ganas de más: ya tengo en mi pila (“ …la sala de espera de los libros..”, como leí por ahí estos días), La excepción, de esta autora sublime a la hora de transmitir sensaciones y paisajes interiores en forma de palabras. No tengo dudas de que ese inimitable oficio desplegado en un idioma antiguo y persistente como nuestros sentimientos, ha sido forjado en innúmeras Navidades inundadas de libros en esa tierra de auroras boreales. Difícil imaginar un fondo más inspirador a la hora de sumergirse en lecturas y empaparse en ellas hasta emerger salpicando delicadamente la hoja en blanco con este manojo de sensaciones en forma de novela.

 


HZaPmETA.jpg largeSANTIAGO RAMOS CÓRDOBA (@BookPickerBsAs) nació en Buenos Aires en 1967, en algún momento vivió en el exterior, pero volvió. Desde la época de las míticas Librerías Fausto, hace más de 25 años, vende libros impunemente en librerías o editoriales y los lee o critica con idéntico fervor. Se formó con los mejores libreros, lo cual no garantiza nada pero lo llenó de anécdotas y lecturas de toda calaña. Según en qué momento de su vida, incursionó en la música, el teatro, y las artes plásticas estudiando con grandes nombres en cada disciplina (con diversa suerte, pero mucho recorrido), y aunque le ha sido infiel a veces, siempre vuelve al primer amor: los libros. Musicaliza, ceba mates y discute de libros como pocos; escasos méritos. Su microrrelato Gore fue publicado en @RevistaKundra en diciembre de 2016.

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